Ser cristiano no es un sí a la persona de Cristo solo, con un trato individual de espaldas al mundo y a la sociedad. Tampoco es abrirse al mundo pero a la carta –dando lo que escojo, compatible con mi comodidad-. Ser cristiano es implantar el Reino de Cristo en el mundo. Y vivo y me gasto y estudio y… para instaurar el Reino de Cristo.