Los objetos atraen, y a veces buscamos el exceso, limitado solo por lo que el objeto da de sí o por la limitación mía. Moderar la relación con los objetos: templanza, sobriedad, elegancia, \nTratar las cosas como realidades que reflejan –como un espejo- lo que realmente busco. Esa cosa no puede saciar lo que busco: solo aquello a lo que remite –quien tiene aquello sin límite- es lo que me saciará. Por eso, es inteligente no buscar en lo finito saciar la necesidad de infinito.