Al final de la Pascua vivimos fiestas que nos revuelcan en verdades misteriosas que Cristo nos reveló. Al presencia, vida y pasión del Espíritu Santo es uno de estos misterios. El es la nueva Ley que da plenitud a la ley mosaica; y esta nueva Ley está en nuestros corazones. Escucharle, aprender a movernos de acuerdo con él, es lo que propiamente constituye el vivir cristiano.