La comunicación con Dios requiere aceptar algunas verdades -no de forma intelectual, sino verdades existenciales, aceptadas por el corazón- previas. Una de ellas es que sin pudor, no es posible hacer oración, pues no habría intimidad que compartir. Otra, que Dios me quiere. Otra, la importancia del cuerpo en la oración: el cuerpo enseña a orar.

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