Entrevista sobre la literatura religiosa en la actualidad

Entrevista de Agencia Veritas

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  • ¿A qué objetivo aspira la colección Planeta Testimonio en su nueva etapa? ¿Qué autores y títulos tendrán cabida en ella?
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Efectivamente, se trata de una nueva etapa, con el ánimo, por una parte, de continuar por la senda abierta por Alex Rosal durante estos años de excelente trabajo, y por otra parte -ahí está la novedad- abrirnos a una literatura ciertamente novedosa. Queremos hacer una literatura de inspiración cristiana que se dirija a todos.

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Nuestra idea es revolucionar la literatura religiosa en España. Esto no supone desdén hacia el trabajo que realizan tantos autores y editoriales, pero sí abrir un nuevo estilo, una nueva forma de tratar los temas religiosos. Con frecuencia estos libros se dirigen a su público, y tratan los temas de acuerdo a sus demandas, como es lógico. Pero eso, de alguna manera, exige con menos necesidad el estudio de las agresivas leyes del marketing. No sé, cualquiera puede advertir una neta diferencia entre una mesa de novedades de una librería religiosa y la de una librería generalista. El reclamo de las portadas, por ejemplo, es bien distinto.

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En su nueva etapa, Planeta Testimonio quiere dirigirse a todos, especialmente a los jóvenes. Un ejemplo. Hay best seller de colecciones de managment: esos libros han conseguido interesar no solo a lectores del mundo de los negocios. Han sabido expresarse de tal modo que sus aportaciones son asequibles y enriquecedoras para la persona de la calle.

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Planeta cuenta con un equipo profesional extraordinario, y la revolución que perseguimos es la hacer libros en los que sepamos expresarnos de tal modo que las verdades cristianas sean accesibles a muchos.

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Hasta ahora, salvo algunas excepciones, a la literatura religiosa no le ha preocupado tanto el soporte narrativo como el contenido. Nosotros queremos ocuparnos tanto de una cosa como de la otra.

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Con lo dicho queda contestada la segunda parte de tu pregunta. Caben muchos autores: estamos en trato con algunas personas cristianas de la vida pública de nuestro país, y con algunos otros que comparten esta ilusión. Y con respecto a los temas, caben todos los que traten de forma expresa la fe o vida cristiana, y también otros temas vivos en nuestra cultura tratados desde una perspectiva cristiana.

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  • ¿Tienen ya pensado el próximo título de la colección después de «El libro de la Misa»?
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‘El libro de la misa’ no ha salido dentro de la colección: Planeta ha querido sacarlo como generalista, y me pareció un acierto. Sí es verdad que de alguna manera refleja el estilo por donde queremos llevar la nueva etapa de la colección.

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No sé cuál será el próximo título. Estos días estamos cerrando la programación del año 2005, y no puedo adelantarme.

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  • ¿Cuál es su diagnóstico de la literatura católica española?
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Es difícil hacer un diagnóstico de un fenómeno tan extenso. Dentro de él se da una enorme variedad; lo que diga, por tanto, admite salvedades.

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Me atrevería a decir que es una literatura previsible, tradicional. Como siempre ocurre, el mercado configura la oferta. El mercado de esta literatura podría calificarse de público cautivo. Esta circunstancia puede llevar fácilmente a perder la tensión que vibra en el interior de cualquier mensaje -y de un modo muy especial en el mensaje cristiano-: la universalidad.

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Pienso que se puede decir que, en líneas generales, esta literatura en España ha quedado algo encerrada en su mundo. Esta circunstancia fácilmente vicia, pues es más cómodo hablar para convencidos, olvidarse de conquistar nuevos modos.

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  • ¿Qué diferencias marcaría entre literatura católica y literatura religiosa? ¿Cómo hacerlas interesantes para el público general?
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Si entendemos por literatura católica aquella que parte de las verdades de fe, y por literatura religiosa la que trata la dimensión religiosa del hombre, la diferencia ya está señalada. La primera habla de lo que Dios ha revelado por su Hijo Jesucristo. La segunda reflexiona acerca de la búsqueda de sentido, de la dimensión trascendente del hombre. Los temas y los desarrollos son distintos.

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  • ¿Para hacerlas interesantes? Los temas interesan por sí mismos a cualquiera, a no ser que se encuentre ‘narcotizada’, o -en palabras de Cristo- con el corazón embotado.
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Ahora bien, la exposición requiere un esfuerzo en varios sentidos. Señalemos, por ejemplo, el esfuerzo por distinguir lo esencial de lo circunstancial. Esta labor no es fácil, pues lograrlo supone un redescubrimiento de la Verdad, redescubrimiento que los cristianos debemos hacer en cada tiempo. Cada momento de la historia goza de una riqueza cultural singular, de una sensibilidad concreta, de unas características determinadas, de unos avances científicos y filosóficos…: el hombre de fe debe saber redescubrir en su momento histórico cierta novedad en la enseñanza de Jesús de Nazaret. Esto solo es posible con un continuo ejercicio por volver a lo esencial, discerniendo y relativizando lo accesorio.

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  • El Santo Padre ha reiterado en numerosas ocasiones que el Evangelio tiene que hacerse cultura ¿a qué atribuye la falta de creatividad cultural -tan prolífica en otras épocas- que parece acompañar al hombre de fe de nuestros días?
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No soy ningún entendido en estos temas, pero me parece que necesitamos un poco de tiempo. Los estudiosos hablan de que nos encontramos en el comienzo de una nueva civilización. En pocos años hemos hecho un mundo nuevo, y ahora debemos aprender a vivir en él: mientras tanto, es lógico que tengamos muchos desajustes, y así se entiende que la gran víctima de nuestro mundo sea el mismo hombre. La Iglesia tiene mucho que decir, tiene un papel insustituible. Que el mensaje de la Iglesia se haga cultura, que tenga manifestaciones culturales, requiere un tiempo.

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De momento, vemos en la Iglesia una vitalidad extraordinaria, observamos cómo el Espíritu está vivificando el mundo con nuevos carismas -ahí está el asombroso fenómeno de los movimientos, por ejemplo-. Estoy convencido de que los cristianos que nos sucedan, durante siglos volverán los ojos hacia contemporáneos nuestros como a grandes santos. Eso es lo importante. A partir de esta realidad, después -con un poco de tiempo- vendrán las nuevas manifestaciones culturales.

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¿Y cuál es el camino que va desde la santidad hasta la manifestación cultural? Pienso que tiene tres estaciones: hacerse palabra, hacerse vida, hacerse cultura. Un ejemplo. La riqueza del Catecismo de la Iglesia es tremenda: nuevos enfoques y perspectivas que tratan con espíritu moderno y actual las antiguas verdades reveladas por Cristo hace dos mil años. En veinte años, todavía no hemos realizado una versión más divulgativa de ese catecismo. Y no se puede acusar de pasividad a la jerarquía: sencillamente, hace falta tiempo. Ese es el primer paso: hacerse palabra, enseñanza. Después, hacerse vida. Y por último, quien lo haya hecho vida será capaz de crear manifestaciones culturales y artísticas, informadas por la fe.

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  • En la presentación de su libro «El libro de la Misa», monseñor Cañizares expresó el deseo de que alguna vez se pueda hablar de «una nueva generación literaria surgida al filo del año 2005, que pensaba y escribía la realidad sin quitarse la fe» ¿Qué condiciones permitirían que el sueño de monseñor Cañizares se hiciera realidad?
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Pienso que las condiciones que lo permiten ya se dan. Los cristianos vemos con cierta nitidez la necesidad de la congruencia entre nuestra fe y nuestra actividad: eso es importante. Al mismo tiempo, progresivamente tenemos que tomar más conciencia de la necesidad de ser el alma de este mundo. La humanidad necesita la verdad que nosotros hemos recibido. Esta conciencia irá generando un creciente y sano ‘complejo de superioridad’ que hará realidad ese deseo que expresó monseñor Cañizares y que tantos otros compartimos con él. Es bueno no olvidar que el cuidado amoroso que Dios tiene de su mundo juega a favor de estos proyectos.