Reportaje sobre «El Principito», de Antoine de Saint-Exupéry, con motivo de los 60 años de la publicación de la versión francesa

Entrevista de Miguel Ángel Codina, redactor del semanario «Catalunya Cristiana».\r\n

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  • La edición francesa de «El principito» cumple 60 años. ¿Qué destacaría de este clásico de la literatura universal?
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En uno de sus poemas, José María Pemán escribió:

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“Y quisiera conseguir

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hacer a todos sentir

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un mismo anhelo infinito,

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y ante mis versos oír

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a cada uno decir

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que eso lo hubiera yo escrito

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si yo supiera escribir”.

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Entre otras cosas destacaría: Saint Exupéry ha conseguido lo que Pemán se proponía.

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  • ¿Su mensaje, tan rico en valores, sigue vigente hoy en día? ¿Por qué?
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\r\nNo solo sigue vigente, sino que me parece necesario en la actualidad. Perdona que vuelva a citar, pero vale la pena. Es reconocida la brillantez como analista de Benedicto XVI. En un libro que hace a la limón con el teólogo Von Balthasar realiza el siguiente diagnóstico: “La crisis de nuestro tiempo depende principalmente del hecho de que se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es”.\r\n\r\nFrente a esta creencia errónea, Saint Exupéry –en El principito y en el resto de sus obras, como en Vuelo nocturno, Tierra de hombres, Piloto de guerra…- propone al hombre la superación de sí mismo, la tensión de la voluntad, el esfuerzo heroico, el optimismo en la fidelidad. Como él mismo dice en Tierra de hombres, “el hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo”.\r\n

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  • ¿Este libro puede ser considerado un símbolo de la búsqueda permanente del ser humano de la felicidad y de aquellos principios que enriquecen el espíritu?
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\r\nAsí es. El principito busca la verdad continuamente. Quizá la característica que está en la base de todo su comportamiento sea el respeto: buscar la verdad en la naturaleza de la tierra y de las personas (“la tierra nos enseña sobre nosotros mismos más que todos los libros”, escribe). Pero él advierte que el hombre moderno nos hemos desnaturalizado peligrosamente. Pienso que el propósito oculto de El principito lo anuncia expresamente, como en un soliloquio hecho público, en su obra póstuma, Ciudadela: el hombre se ha desbaratado, ha destruido la ciudadela de su espíritu, y es preciso levantarla de nuevo. El principito nos da las claves de esa reconstrucción.\r\n

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  • Usted ha hecho aparecer en dos de sus obras («El libro de la misa. Los secretos de un misterio» y «El libro de la confesión. El enigma de la culpa») al personaje principal de «El principito». ¿Por qué?
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\r\nPorque el Principito es un maestro de lo invisible, enseña a mirar esa realidad que solo se ve con el corazón, y que al mismo tiempo lo ilumina todo. No se queda en la corteza, sino que llega a la vida oculta, a lo que él llama los ‘nudos invisibles’.\r\n\r\nEn la misa y en la confesión la corteza es importante, pero solo en la medida en que dan visibilidad a lo invisible, a ese nudo espiritual que es el misterio cristiano: un Dios que busca al hombre y le concede un encuentro personal, un ‘tuteo’ inimaginable.\r\n\r\nEn estos dos libros he querido acercarme a la misa y a la confesión con el espíritu del principito, pues me parece imprescindible para poder acceder al misterio cristiano.\r\n

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  • Pipa, la protagonista de estos dos libros, viaja al planeta del principito para entrevistarse con él y aprender de su innata sabiduría. ¿Dónde reside el secreto del principito para hablar de la esencia del humanismo con tal poder de convicción?
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\r\nSant Exupéry distingue entre el espíritu y la inteligencia. La inteligencia analiza, disocia, se mueve en lo inmediato, se dirige al fin próximo, busca el interés y para eso calcula. Sin embargo, el espíritu no se queda en los objetos, sino que busca el sentido de estos y los anuda –busca los invisibles nudos espirituales que se dan en la realidad-; ve lo que está más allá de lo inmediato y busca su valor eterno; se mueve por el amor y en vez del calculo se maneja con la entrega y el sacrificio. Quizá su poder de convicción venga de esto: de que supera el pobretón racionalismo que empequeñece al gigantesco ser personal que somos cada uno.\r\n

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  • ¿Piensa que «El principito» es un libro para niños, como algunas personas piensan, o que va dirigido a cualquier tipo de público?
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\r\n¡Qué va! Lo que ocurre es que parece que el racionalista se siente más ‘protegido’ en lo complicado y la erudición que en la sencilla sabiduría. La sabiduría es siempre sencilla. Quienes han visto las portadas de El libro de la misa y de El libro de la confesión también me han preguntado de primeras lo mismo: es para pequeños o para adultos. He pretendido seguir el género de Saint Exupéry, sacudir de racionalismo el acercamiento a estos dos sacramentos, e ir a sus nudos invisibles. Una cosa es la literatura infantil y otra la literatura sencilla. Te contesto: El principito es para cualquier tipo de públicos, que no quiere decir que cualquier lector será capaz de recibir lo mismo: se recibe dependiendo del receptor. Dicho de otro modo: ofrece distintos niveles de comprensión.