Vivir con sentido – Entrevista en el diario La Razón

Altagracia Domínguez, diario La Razón

\r\n

¿Por qué no encontramos un sentido a la totalidad de la existencia?\r\nEn muchas ocasiones se debe al encerramiento individual en el que se realiza esa búsqueda de sentido. Cuando decimos que el sentido de la existencia se encuentra dentro de uno mismo, podemos ser víctimas de un grave malentendido. Es una afirmación verdadera en cuanto que se trata de una experiencia subjetiva, esto es, el sentido de mi vida no lo voy a encontrar escrito en el BOE ni publicado en ningún papel: se me revela en mi interior. Pero dentro de uno mismo es distinto a ‘encerrado en uno mismo’.

\r\n

La cultura actual parece enseñar a cada hombre a instalarse en su centro y hacer girar a su alrededor el resto de las realidades; a partir de su centralidad, cada uno establece el orden, decide los intereses y admite los sentidos de acuerdo a su modo de ver. ¿Qué ocurre entonces? Que parece que el sentido de la vida depende absolutamente de uno mismo: mi vida tiene el sentido que yo decida que tenga. Pero claro, si yo soy quien me finalizo a mí mismo, yo nunca podré ir más allá de mí mismo. En principio puede parecer que una autonomía de este tipo es ideal para ser feliz, pues sólo dependo de mí mismo, pero la realidad es que eso, de hecho, no funciona: nadie encuentra la felicidad en una vida así.

\r\n

La persona humana se distingue del resto de animales; cada una es irrepetible –hoy día no cuesta admitirlo, por eso se ve la clonación como una amenaza en tantos foros- y en que es comunicable, es decir, en que establece y necesita de relaciones con el resto de la creación. Esta segunda característica de la persona humana no la admitimos tan fácilmente.

\r\n

¿Qué consecuencias tiene no encontrar ese sentido?\r\nLa angustia y el vacío propias del sinsentido. Esa terrible sensación de estar de sobra, de no servir para nada, de no interesar a nadie, de ser una carga.

\r\n

Ahora bien, estos sentimientos sólo afloran en determinados momentos. La mayor parte de las veces el hombre puede ir tirando con sentidos parciales, con sentidos caducos. Cuando llega la fecha de vencimiento de uno de esos sentidos se sufre el desengaño lógico. Pero la fuerza de la vida es tremenda, y en seguida nos levantamos y buscamos otro sentido parcial en el que volvemos a confiar plenamente… porque necesitamos algo a lo que agarrarnos. ¿Qué pasa? Que a medida que van pasando los años, y que vamos gastando la vida… cada vez somos más escépticos con esos sentidos parciales: cuesta más agarrarse a ellos. Entonces se cae en el incómodo sinsentido.

\r\n

¿A quién va dirigida su obra?\r\nEl libro está subtitulado: Reflexiones al alcance de todos. Pienso que captará el interés de cualquiera que quiera vivir a tope con una felicidad en serio.

\r\n

Va dirigido a tres grupos de personas. A aquellas que ejercitan el vivir a tope, prueban de todo, buscan nuevas experiencias, aprovechan la vida mientras el cuerpo aguante… pero en el fondo se dan cuenta de que les falta algo. También va dirigido a aquellos que se han resignado en la vida a ir gastándola, a ir tirando, a vivir viéndolas venir… pero piensan que no es tan interesante vivir. Por último, a aquellos que querrían creer y no pueden, a quienes creen pero su fe no les dice nada con respecto a lo que realmente les interesa, a los cristianos que creen pero que tienen cierto complejo de cretinos.

\r\n

¿Qué ha originado la actual decadencia cultural de la que habla en su libro? ¿En qué consiste esa decadencia?\r\nLa decadencia cultural es el resultado de muchas variables. Una respuesta breve necesariamente será simplista. Pero si se trata de individuar una de sus causas, señalaría la despersonalización. El aumento de poder del hombre es algo fantástico. Pero a mayor poder, mayores riesgos. Todavía no hemos aprendido a vivir en el mundo que hemos conquistado. Se ha empobrecido enormemente el vocabulario del mundo personal: ilusión, intimidad, descanso, diálogo, tertulia, ideales, sacrificio, respeto, agradecimiento, admiración, trascendencia, aventura, enamoramiento, compromiso, diversión, rebeldía, los signos…

\r\n

¿Qué significa vivir con sentido?\r\nHago deporte porque me gusta. Estudio porque quiero hacer una carrera. Ordeno la casa porque quiero que estén a gusto los demás. Cada cosa la hago por algo. Pero el hombre tiene la capacidad de trascender sus actos: necesitamos saber porqué hacemos todo lo que hacemos, qué quiero en la vida, qué motivo tengo para sufrir. Pues bien: encontrar ese porqué completo a la vida, que es como el telón de fondo, la razón de ser, eso es vivir con un sentido.

\r\n

En el libro se acompaña al lector en razonamientos que llevan a entender que el sentido de la vida está en que la vida es una respuesta. Respuesta al mundo, a la humanidad, a los que tengo al lado, a Dios.

\r\n

¿Cómo vincularse a la razón de ser de la vida? Hay muchas personas que saben que a su vida le falta algo pero no hacen nada por buscar, se conforman con «ir tirando».\r\nSer perro es mucho más fácil que ser persona. Ser persona es mucho más apasionante que ser perro, cuando se sabe cómo vivir. Ahora bien, cuando no se sabe vivir como persona… no hay vida más perra que la vida del hombre. Un error básico es quitar a Dios, negarlo o apartarlo: un error que hace la vida bastante insoportable.

\r\n

¿Qué tiene de particular aprender a mirar?\r\nCada persona tiene un valor absoluto, pero no es un absoluto. Establecer relaciones con la vida, por ejemplo, sabiéndome no absoluto significa admitir que la vida me la han dado, que soy criatura, que he nacido finalizado, que tengo unas normas de uso, que yo no establezco la verdad sino que estoy invitado a descubrirla, que yo debo adecuarme a la realidad y no al revés. Saber mirar es saber establecer relaciones: con mi existencia, con el mundo, con los demás hombres, con Dios.

\r\n

En breves palabras, explíquenos la importancia de su afirmación «el sentido es lo que me devuelve la realidad cuando recibe mi entrega».\r\nAprender a vivir es aprender a mirar recreando la realidad. Recreamos la realidad, la hacemos diferente, la hacemos nuestra y valiosa para nosotros cuando la domesticamos, cuando establecemos lazos con ella, cuando nos atamos a ella. La realidad, cualquier realidad, es vacía si no la he recreado. La realidad, cualquier realidad, resulta plena de significado y sentido –es digna de morir por ella- en el momento en que la he hecho mía, la he recreado dándome a ella de alguna manera. La realidad sólo me da sentido cuando yo me he dado a ella, cuando me he atado y gastado por ella.

\r\n

No somos libres a pesar de los vínculos, sino gracias y mediante ellos.

\r\n

El aburrimiento es, precisamente, la respuesta que me da la vida cuando no me entrego; el trabajo me aburre cuando no me doy, una persona me aburre cuando no me entrego a ella, un tiempo libre me aburre cuando lo gasto con criterios egoístas.

\r\n

¿Por qué habla de «sentidos» y de «sentido último»?\r\nVivir con sentido. El momento actual, tras un siglo XX marcado por conquistas de poder por parte del hombre, se caracteriza por muchos valores emergentes. Contra todos los pronósticos –y ante el asombro de muchos sociólogos actuales- los jóvenes reaccionan con la búsqueda de la trascendencia. Y es que hoy día se tiene muy claro que uno encuentra el sentido a la existencia –es feliz-, en la medida en que se trasciende.

\r\n

Hay muchas trascendencias que podríamos llamar horizontales: trascenderse a sí mismo haciéndose un elemento de un todo que supera los propios límites. El ecologismo, la solidaridad, el deporte, el respeto a la historia, son modos de trascenderse.

\r\n

Con este libro he querido mostrar la trascendencia vertical, la que rompe un mundo encerrado en sí y sin respuestas para sus grandes cuestiones, como el origen, la muerte, el mal…

\r\n

La trascendencia vertical es la única que nos pone en relación con una realidad trascendente, objetiva, absoluta y personal, que es Dios, capaz de dar un sentido último a la existencia.

\r\n

¿Por qué hay gente que quiere creer y no puede? ¿Es posible conocer a Dios con la razón? Háblenos de ese«salto» que hay que dar para aceptar la existencia de Dios, que por su parte se ha revelado.\r\nPor más que haga Dios, como él mismo no puede imponerse por la evidencia de los sentidos –es inmaterial-, el hombre siempre tendrá que unir dando un salto, que determinadas acciones evidentes para mí son la forma en que Dios se está traduciendo para manifestarse a los hombres. El hombre siempre puede dudar, o siempre puede negarlos. Por eso, para creer hay que querer. Pero no solo querer, sino cuando veo hechos y signos objetivos que merecen credibilidad, querer creerlos.

\r\n

Da igual una religión que otra? ¿En que se diferencia el cristianismo?\r\nNo todas las religiones son iguales. Todas encierran algo de verdad, pero no todas la poseen por completo. En el libro sólo se trata de un análisis antropológico de la aceptación de la religión. Lo que exige la naturaleza del hombre es que la aceptación de un credo sea algo racional, que no quiere decir que sea razonado.

\r\n

Tras los actos terroristas contra las Torres gemelas, algunos interpretan los conflictos actuales como un necesario choque entre cultura y fe, o mejor, entre razón y fe. La parte en conflicto movida por sus creencias religiosas, no es fácil que entre a razones, no es posible entablar un diálogo. Pero no sería correcto afirmar, generalizando, que las religiones son irracionales, y que suponen una amenaza contra la verdadera cultura y la convivencia humana.

\r\n

El libro habla de todo esto. La búsqueda del sentido abre a la trascendencia. El problema es que en la trascendencia, la razón no hace pie. Pero no hacer pié es una cosa, y ser irracional es otra. Abrirse al mundo de los dioses debe ser algo hecho con la razón. Estos días que hemos sufrido acciones irracionales movidas por fundamentalismos, se pone más en evidencia la necesidad de hablar simultáneamente de fe y razón, o mejor, de fe como uno de los modos de ejercitar la razón.

\r\n

Este libro ha querido mostrar que vivir con sentido supone relacionarse con la trascendencia; y que conocer esa trascendencia es cuestión de saber historia, de lógica y de libertad.

\r\n

¿Cuáles son la limitaciones que pone el hombre a la iniciativa de Dios?\r\nNo sería lógico que Dios crease al hombre y no se le diese a conocer. Es fácil conocer a Dios, pero no evidente: no es posible que un ser inmaterial y trascendente resulte evidente al hombre, que conoce por los sentidos. El hombre es limitado, y sus límites condicionan a Dios; esto es, aunque Dios quiera manifestarse, no puede hacerlo de cualquier forma; tendrá que hacerlo de acuerdo a como es el hombre.

\r\n

¿Qué podría hacer un Dios que quisiese contactar con el hombre? Podría hacer una perfecta traducción de su Persona –la más perfecta de las posibles-; debería automanifestarse, adatándose a las posibilidades humanas. Más que desvelarse –quitarse un velo-, en realidad, lo que tendrá que hacer es ponerse un velo acorde con el modo de conocer del hombre. Si el hombre es un ser que vive en el tiempo, Dios deberá entrar en la historia de algún modo. Si el hombre sólo entiende un mensaje expresado con palabras y acciones, Dios deberá hablar con palabras y actuar en la historia. Si el hombre sólo ve a través de la materia, Dios deberá expresarse a través de materia. Dios tendrá que manifestarse a lo humano. Dios no es así, pero deberá traducirse así.

\r\n

Al mismo tiempo, quedaría oculto al revelarse; tendría que usar signos, hechos y realidades que tuvieran peso y que resultasen constatables para un grupo de personas suficientemente amplio que pudiesen dar testimonio fiable de ellos; dejaría ocultos unos misterios, no por ser cosas inexplicables, sino por ser partes de la realidad que no nos resultan accesibles (pero nos señalaría –al mismo tiempo- el sentido de esos misterios).

\r\n

En su obra expone el fenómeno de «materialismo religioso» o «cristianismo burgués» ¿en qué consisten?\r\nConsisten en utilizar el cristianismo a su servicio, como un modo de satisfacer intereses materiales –un dios arreglaproblemas- o un modo de alcanzar un bienestar psicológico –tranquilizarse la conciencia, hacerse bueno, lograr emociones o sensaciones interiores extrañas, o de satisfacer curiosidades fantásticas-.

\r\n

Todo esto supone un olvido de que los bienes importantes don los ‘bienes de arriba’, y que la vida cristiana consiste en amar a Dios –hágase tu voluntad- y a los demás.

\r\n

Como Dios no es una ‘aspirina celestial’, ni un gran distribuidor de beneficios materiales, tarde o temprano se ve que ‘el invento no funciona’, y que por lo tanto, el cristianismo no resulta rentable.

\r\n

El balance es claro: Dios me quita –vienen a la cabeza una retahíla de obligaciones y de prohibiciones- y no me da nada –ninguna ventaja material en comparación con los no cristianos, que a veces tienen una vida más cómoda y mejor avenida-; por lo tanto, Dios no compensa.

\r\n

Se trata, en definitiva, de una visión utilitarista del cristianismo. Suelen preguntar: ¿para qué sirve ser cristiano? Si buscan satisfacer sus intereses materialistas y egocéntricos, para nada.

\r\n

¿Somos capaces de ver la seriedad de la vida inmersos en su sencillez?\r\nPrecisamente en la sencillez es donde se encuentra la seriedad de la vida. Lo aparatoso, lo espectacular, lo extraordinario, lo esperpéntico, lo violento… no suelen envolver a las realidades verdaderamente serias.

\r\n

Volver a la descripción general de la obra